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viernes, 10 de julio de 2015

De ruta por Cantabria

Una tarde de domingo un grupo de amigos emprendimos ruta hacia Cantabria, atrás dejamos nuestro pueblo  que durante unos días iba a estar sufriendo una ola de calor, así que volante en mano nos dirigimos hacia tierras más "fresquicas".

En el trayecto desde Zaragoza, parada obligatoria fue Bilbao, no podíamos pasar por esta ciudad sin dar, aunque sólo fuera una vuelta, por los alrededores del Museo Guggenheim y así lo hicimos.


Al final de la tarde llegamos al que iba a ser nuestro alojamiento durante esos días, Posada Lunada en Bárcena de Cudón de la localidad cántabra de Miengo, el propietario nos había enviado con anterioridad las instrucciones para llegar y la verdad es que si las vas siguiendo no hay pérdida. Es un establecimiento: bonito, cómodo, limpio, amplio y confortable características a las que podríamos añadir el excelente trato de los propietarios por lo que para mi es totalmente recomendable.



 Posada Lunada


Nuestro primera destino fue Fuente De, concretamente su teleférico con el que subimos a los Picos de Europa. Puedes sacar el tiket de subida y bajada o solamente subida si quieres hacer alguna ruta y pernoctar arriba. Las vistas son espectaculares, algo que merece la pena ver. Si vas allí, no te olvides de llevar calzado cómodo y hacer una pequeña ruta para poder disfrutar mucho más de la visita a este privilegiado lugar. 





 Teleférico y Picos de Europa


En nuestro viaje no puede faltar la ruta gastronómica y comer en un asador como el Asador Llorente en Potes, capital de la Comarca de Liébana, una gran idea, allí encontramos: excelentes carnes rojas, buen servicio y buena relación calidad precio. Un café en la Plaza Capitán Palacios y visita a la Torre de Infantado donde pudimos disfrutar de una interesante exposición sobre el Beato de Liébana completaron la visita.

 Torre del Infantado - Potes


San Vicente de la Barquera se nos mostró al caer la tarde, localidad costera por excelencia y vinculada al mar. Fue todo un lujo disfrutar del Puente de la Maza sobre la ría mientras el sol caía.




La capital de la comunidad autónoma, Santander es de esos lugares en los que hay que estar alguna vez en la vida. No voy a enumerar los muchos lugar que visitar allí, pero el Palacio de la Magdalena que la ciudad regalo al rey Alfonso XIII en 1908 es, sin duda para mi el favorito. No pudimos visitar el interior porque en julio está ocupado por los participante en los cursos de la Universidad de Verano, pero fuera de la época estival se realizan visitas guiadas que seguro serán muy interesantes. A cambio nos fuimos a comer una mariscada en el Restaurante El Vivero, sin palabras.





 Palacio de la Magdalena - Santander



 
Una de las localidades más conocidas de la costa cántabra es Comillas, ¿sabías que fue la primera localidad con alumbrado público eléctrico de España?  también allí se instaló el primer teléfono de Cantabria, y todo gracias al primer marqués de Comillas que debía de ser un adelantado para su tiempo.




Decir Arte Rupestre es decir Altamira, y no podía faltar la correspondiente visita. Recomiendo reservar las entradas a la neo-cueva con antelación ya que es uno de los museos nacionales más visitados de nuestro país y es un poco arriesgado llegar allí sin ellas. No tengo palabras y tampoco creo que ninguna fotografía haga justicia a lo que allí puedes ver, así que no te lo pienses y ve a visitar este espectacular lugar, te impresionará.

Santillana del Mar, villa declarada conjunto histórico-artístico en 1889 y desde 2013 catalogada como uno de los pueblos más bonito de España fue otro de nuestros destinos, la colegiata de Santa Juliana y su claustro, los palacios y sobretodo su arquitectura popular nos dejaron con la boca abierta. Allí encontrarás cantidad de establecimiento donde comprar productos típicos de la región ya que su carácter turístico hace que los habitantes de esta villa vivan de negocios relacionados.




La costa oriental de Cantabria te ofrece la posibilidad de conocer pueblos como Santoña conocida internacionalmente por su industria de la salazón, así que allí estábamos nosotros para comprar las famosas anchoas del cantábrico fileteadas y conservadas en aceite, riquísimas.




El último día, Pedreña y sus vistas a la bahía, Laredo con su impresionante playa y Castro-Urdiales con su iglesia de Santa María de la Asunción y el faro del Castillo de Santa Ana pusieron el punto y final a este magnífico viaje.




Durante él, además de disfrutar de buena compañía, hemos podido vivir experiencias y conocer lugares inolvidables, me gusta Cantabria. Volveré.


Julio 2015